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martes, 28 de agosto de 2012

La Solución Encubierta


La sala de interrogatorios estaba diseñada para que quienes la habitaran se sintieran absolutamente solos y aislados.
Paredes, techo y piso blancos, sin fisuras ni juntas, sin ventanas, la puerta, una vez cerrada, se confundía plenamente con la pared que la contenía, cámaras de video, micrófonos y respiradores artísticamente disimulados, una engañosa sensación de ahogo y soledad, dado que desde el exterior se podía cómoda y detalladamente seguir lo que sucedía en su interior. Esta sala era única y solo era usada en casos extremos, dado que las otras no poseían particularidades tan rigurosas. Quien era obligado a permanecer un tiempo prolongado en su interior, a la larga o a la corta era invadido por una profunda sensación de ansiedad tal que potenciaba intensamente la necesidad de comunicarse, “de hablar”, que era el efecto científicamente buscado.
Pero nada de esto la pasaba a Adrián Bogues, cuarenta años, de estatura media, cabeza rapada e intensos y serenos ojos marrones, que estaba en la sala desde hacía cuatro horas. Se mantenía en la misma posición desde que había ingresado y no había movido un solo músculo ni proferido sonido alguno.
No era esto una sorpresa para el agente Rey Carras, en el cual su aspecto de niño angelical desmentía al de un profesional avezado, tenaz, inteligente, experto y sumamente cruel y frío. De cuarenta y ocho años, Rey poseía un rostro de facciones suaves y dulces, un cabello rubio levemente rizado y unos ojos azules bonachones. No era ni muy corpulento ni muy alto y su aspecto general era el de una persona vulnerable, pero era un efecto sumamente falso. Rey era un agente nacional, fina e intensamente entrenado en todo lo necesario como para evadir o enfrentarse a cualquier situación y lo había demostrado cabalmente en el campo de trabajo. Adicionalmente, había cursado estudios universitarios sobre psicología y se había especializado en interrogatorios extremos. Esto último no era un mero galardón en su frondoso currículum, si había alguien que podía sacarle algo a un tipo duro, ese era Rey.
Pero este caso era todo un desafío. Bogues pertenecía a una facción fundamentalista sumamente anárquica y la estructura de entrenamiento era de las más difíciles. Quizás se enfrentara al caso más virulento de su vida, quizás el fracaso sería el fin de su carrera, pero lo más importante era que le qero lo mmiento era de las men todo lo necesario como para evadirro era un efecto sumamente falso.uedaban tres horas para evitar que doscientas mil personas murieran. Entró en la sala y cerró la puerta tras de sí.
-          Buenos días, Adrián. –
El hasta el momento único habitante de la sala levantó lentamente la vista. No se hallaba esposado ni amarrado de ninguna manera, se encontraba sentado en una parca silla blanca con las manos entrelazadas sobre el regazo y la mirada clavada en el piso.
-          Buenos días, agente Carras. –
Rey sonrío levemente y, acercando una silla a la posición de Bogues, se sentó frente a él cruzándose de piernas. De esta manera se lo veía cómodo y distendido.
-          Veo que me conoces. –
Adrián sonrió con cierta amargura.
-          Ha matado a muchos de mis hermanos. –
Nada se traslucía de los fríos ojos de Bogues.
-          ¿Te gustaría matarme?. –
Adrián curvó sus labios sin alegría.
-          Todo a su tiempo, agente Carras. –
Rey sonrío desviando su mirada hacia el piso.
-          Terminemos con esto, Adrián. ¿Dónde está?. –
Bogues sonrió ahora con más intensidad desnudando sus dientes.
-          Vamos, agente. ¿Así de fácil la quiere?. –
Carras hablaba en un tono discursivo que para nada delataba lo desesperante de la situación, más bien parecía hablar de la última temporada de fútbol.
-          Se que para ti la vida no vale nada pero tengo doscientas mil personas encerradas en la torre “Camelot” por alarma bacteriológica y mil quinientos agentes buscando una bomba desde hace dos días. ¿Qué es lo que buscas, Adrián?. –
Bogues sonrió socarronamente.
-          Salvar al universo. -
Fue muy fugaz pero una luz de inquietud cruzó los ojos de Carras.
-          Bien. – Dijo Carras. – Eso es muy bueno pero debe de haber algo que quieras a cambio de que yo pueda salvar a esas personas. Dímelo y prometo gestionarlo de inmediato. –
-          Mi propósito no es la muerte de gente inocente, agente, sino la aparición de ciertos sucesos que asegurarán la estabilidad y permanencia de este universo. –
-          ¡Perfecto!, nos estamos entendiendo. Dime que hago para que esos sucesos ocurran y todos contentos. –
Los ojos de Bogues se tornaron opacos.
-          No puedes hacer nada. –
Carras se revolvió en la silla y cambió de posición las piernas.
-          Bien, bien. ¿Por qué no me explicas atrás de que andas?. Porque la hermandad te ha dejado absolutamente solo. –
-          Actúo por mi cuenta y riesgo en este caso. Ponerlo al tanto de mis descubrimientos tomará más de tres horas, se lo advierto. –
Carras sabía que ni la sesión de la tortura más cruel haría que este hombre, para el cual la muerte era un suceso más, variara su actitud. Solo cabía especular con que cometiera un error y delatara algún detalle. No quedaba más que seguir hablando y si la bomba estallaba, él mismo le metería un plomo en el cerebro. Por otro lado Bogues conocía a Carras y sabía cabalmente cual era su futuro, nadie tan sanguinario como el hombre que tenía enfrente.
-          Pues, no perdamos tiempo y empecemos, entonces. –
Bogues suspiró profundamente y comenzó.
-          Entre la gente de la torre Camelot existe un grupo de invasores de otro universo paralelo al nuestro. El objetivo primordial de este grupo no es  dañar nuestro universo pero los daños colaterales en busca de su premisa fundamental no solo dañaran este universo sino todos los colindantes. Eso a ellos parece no importarles en absoluto. –
-          Eres doctor en física, ¿no? . – Preguntó Carras.
-          Tengo tres doctorados en física cuántica. –
-          ¿Y como es que te crees todo esto tan alejado de la física ortodoxa?. –
-          No voy a contestar a eso. –
Carras no insistió, sabía que era lapidario.
-          Háblame un poco más de esto de los universos paralelos y esas cosas. –
Bogues cambió por primera vez de posición apoyando los codos en sus muslos.
-          Como quieras. Existen dos planos básicos de existencia: “El Temporal” y “El Alternativo”. En los alternativos existen las mismas instancias y cosas que, por ejemplo, en este universo pero en versiones diferentes… o no. Las personas pueden o no tener vidas y aspectos leve o diametralmente diferentes pero son las mismas personas, duplicados. No obstante, y perpendicularmente a este plano, cada fracción infinitesimal de tiempo ocurrida en cada plano alternativo genera un plano temporal. De esta manera existen infinitos planos temporales perpendiculares a cada plano alternativo. Pero en cada plano temporal existen también infinitos planos alternativos que perpendicularizan a cada plano temporal. De esta manera la estructura de planos se expande en “n” dimensiones hacia el infinito o define el mismo infinito, da igual. –
Carras miraba a Bogues con una expresión que mostraba una aparente perplejidad pintada en el rostro.
-          ¡Vaya!. ¡Asombroso!. Pero… volvamos a la torre, a nuestros invasores, ¿cómo es que esta gente ha llegado desde su universo al nuestro?. –
Bogues miraba a Carras con recelo. Mostraba un injustificado interés por el tema pero decidió seguirle la corriente.
-          Manejan matemáticas cuánticas tan avanzadas que nos deja a nosotros al borde de la edad de piedra. Se trata de dos ecuaciones unidas por una igualdad. Cada ecuación posee tres términos de cuatro miembros. Cada miembro debe ser cuantificado con una precisión tal que requiere números de “n” decimales. En la práctica con setenta decimales es suficiente. –
-          Pero eso no es problema, hoy día los ordenadores… -
-          Si, si, pero ese es el problema de ellos. Así como nosotros estamos matemáticamente cien años atrasados respecto a ellos, ellos están tecnológicamente cien años atrasados respecto a nosotros. Son teóricos formidables pero no son buenos constructores de máquinas y se manejan con cálculos a bajo nivel. De esta manera, al no haber precisión en los cálculos, generan errores que distorsionan cada plano donde se mueven, ocasionando perturbaciones del orden natural. –
-          Pero, ¿sabes cual es su objetivo final?. –
-          No. Solo he detectado que se vienen moviendo secuencialmente plano por plano alternativo y cada tanto viran hacia un plano temporal, a intervalos regulares. Eso si, tienen un camino trazado y lo siguen a rajatabla, o al menos eso parece, sin importarles cuanto daño dejan detrás. Aunque creo que si quisieran moverse calculando con precisión, con la tecnología que poseen, les costaría cien años trazar un camino entre no más de cinco planos. Obviamente eso es inadmisible. Realizan un salto cada veintitrés días, no pueden ir más rápido. Con nuestras máquinas lo podríamos hacer un una hora y sin daños colaterales. –
-          Pero, ¿por qué no se unen con nosotros?. Ellos las matemáticas, nosotros las máquinas. –
-          No se, pero no les interesa, eso es evidente. –
-          ¿Cómo te diste cuenta de su presencia?. –
-          Por las paradojas. Son cambios en el orden natural de las cosas, situaciones imposibles desde el punto de vista estrictamente lógico. –
-          ¿Por ejemplo…? –
-          Por citar una: En un hospital de una enorme ciudad cercana, un hombre dado por muerto ingresó a la guardia. Su corazón no latía y su pecho no respiraba, sin embargo mantenía la temperatura corporal, su sangre no coagulaba y tras cinco días no mostraba ningún signo de corrupción carnal. –
-          Ni vivo ni muerto. –
-          ¡Exacto!. Una anomalía biológica pero puedes encontrarla de cualquier índole. Una mujer se encontró a si misma en la puerta de su casa. Afirmaba que se encontró ante su imagen cuando iba a entrar a su domicilio. El encuentro duró tres segundos pero ocurrió. Esta sería una anomalía temporal. Si este tipo de anomalías se repiten aumentando su intensidad es posible que la estructura espacio-tiempo de nuestro universo se altere con consecuencias imposibles de prever. –
Carras observaba a Bogues con absoluta atención.
-          Y dime, ¿cuántos invasores ingresaron a nuestro universo?. –
-          No muchos, no creo que sean más de una docena. Sería sorprendente que hayan logrado la manera de viajar masivamente pero lo dudo seriamente. –
Lanzando una sonora carcajada Rey acercó rápidamente su rostro al de Adrián.
-          ¿Y por una docena de tipos vas a sacrificar decenas de miles de inocentes?. –
-          Si no lo hago seré responsable del crimen más horroroso en la historia universal. Tan solo en este planeta hay miles de millones. Además no son ellos solos, cuentan con la cipaya colaboración de gente de este lado. Son bastante numerosos. –
-          ¿Y estás absolutamente seguro que todos se reunirían hoy en la torre Camelot?. ¿Cómo estás tan convencido?. –
-          Desde allí saltarán a otro plano hoy a las diecisiete horas. Para que funcione deben estar todos agrupados en un círculo de no más de dos metros. Es el vórtice desde donde la ecuación indica que deben saltar, es decir, con la chapucera precisión con que ellos calculan. Yo calculé unos ochenta centímetros a la izquierda con la precisión adecuada pero a ellos igual les funcionará ya que están dentro del margen de error matemático pero dejarán alteraciones en este plano que reducirá su vida útil a la tercera parte. ¿Cómo se todo esto?. No te lo puedo decir. –
-          Yo si. –
Carras desenfundó su pistola y destruyó la cámara de video. Luego trabó la puerta desde dentro y apuntó a Bogues a la cabeza.
-          Sabes que no temo a la muerte. – Recitó tranquilamente Adrián. La nueva situación no lo alteraba en lo más mínimo.
-          Si, lo se. Lo que también se es que no eres quien dices ser. Sabes demasiado... –
Adrián miró a Carras inexpresivamente. Había sido descubierto pero poco importaba a estas alturas.
-          Los vengo siguiendo desde hace meses. No me refiero a ti, por supuesto. Solo eres un miserable cipayo. Es por eso que no estás con ellos esperando el momento del viaje. ¿Qué te prometieron?. –
Carras enrojeció y por un momento estuvo a punto de volarle la cabeza pero mantuvo la serenidad y bajó el arma. Desde afuera de la sala se escuchaban gritos de alarma.
-          Me llenaron de dinero y me juraron que lo que hacen solo busca el bien para la humanidad. –
-          Claro, pero, ¿cuál humanidad?. La de este universo seguramente no. –
Rey no había reparado en ello. ¿A quien se referían?. Había notado las anormalidades citadas por Bogues en los últimos meses, estaban, incluso, por crear una división especial para tratar estos fenómenos. Pero los invasores no le habían dicho una sola palabra acerca de ello. Debía tomar partido. Sacó su teléfono móvil y llamó. Adrián dibujó una sonrisa de triunfo en sus labios.
-          Avísales, anda. Deberán anticipar el salto aún con el riesgo que ello entraña. Si se anticipan dos minutos la posibilidad de que una paradoja los disuelva en una celda temporal es del setenta por ciento. Es alto, ¿no?. Pero sería eso o nada, son soldados, están acostumbrados a arriesgar la vida. Claro que ese setenta por ciento calculado con las máquinas de ellos. Con nn inas de ellos.or ciento calculado con las mtemporal es del stenta por cientoanidad..uestras máquinas sería… ¿más alto… o más bajo?. ¿Quien sabe?, ya no hay tiempo de averiguarlo, solo quedan veinte minutos. ¿No se les ocurrió meter las cifras en una máquina de aquí?. Se ve que no, solo son militares, no viajó ningún científico, son muy valiosos, lamentable, pero… bueno. –
Ya Carras perdía la serenidad. Hablaba por su móvil y escuchaba a Bogues a la vez. Un gesto de desesperación se pintaba en su rostro a medida que transcurría el tiempo. No había podido cumplir con su misión. Adrián seguía hablando.
-          ¿Cuántos son?. ¿Cómo fueron reclutados?. ¿Cómo los convencieron?. ¿Sabes?, de donde vengo cuidamos la integridad espacio-temporal como si de ecología se tratara. Aunque debo objetar la forma en que cuidan vuestra ecología… -
-          ¡Cállate, idiota!. ¿Sabes cuantos problemas nos has causado?. –
Carras había perdido totalmente la compostura.
-          No te abrumes. Puedo jurarte que la eliminación de esta gente será para el bienestar universal. –
Con la piel del rostro lívida, Carras cortaba la comunicación y guardaba el móvil en su bolsillo, la mirada perdida en algún lugar. Mientras tanto, desde afuera estaban a punto de derribar la puerta.
-          Han saltado… - Dijo en un hilo de voz.
Adrián lo miraba compasivamente.
-          Pues ya deben de pertenecer a planos inmateriales dado que con una buena máquina el cálculo de la posibilidad de éxito arroja cifras de apenas el tres por ciento. Así de precisos eran sus cálculos. –
-          ¿Dónde estaba la bomba?. – Preguntó Carras.
-          No existe tal bomba. Si bien ustedes son tecnológicamente avanzados nosotros lo somos más. Engañé a los sistemas de seguridad de la torre y simulé el alerta con mis propios sistemas. Fue una jugada y salió bien. –
La puerta era derribada al tiempo que Carras se suicidaba de un disparo en la sien y Bogues desaparecía de ese espacio- tiempo.

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