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domingo, 8 de enero de 2012

Cuarto Relato


                                                Rey de los Cielos.


Emergió entre las nubes, imponente, plateado, soberbio. Flotaba a diez mil metros de altura girando apenas, levemente. La nariz algo apuntada hacia abajo, como acechando a una presa.
Repentinamente, se lanzó en picada, a una velocidad tremenda, inconcebible. Cuando estaba a menos de tres mil metros, el suelo pareció iluminarse bajo su figura y su sombra desapareció. Columnas de fuego de trescientos metros de altura, decenas de hectáreas ardiendo furiosamente, el metal se convirtió en líquido y el hormigón en humo.
No quedó nada, solo devastación, cenizas y tierra yerma.
Comenzó la fase tres: detección de señales de vida, por si había que rematar el ataque. Pero no detectó absolutamente nada, como casi siempre en las últimas misiones. Al principio de los tiempos, los objetivos lanzaban inútiles acciones defensivas y hacia el fin del bombardeo principal había que rematar varias veces hasta que ningún foco de vida era detectado por ínfimo que fuese. Ahora, nada, ni al principio ni al final. Era la última misión del día y debía retornar a la base. Allí le reabastecerían de munición para las misiones del día siguiente. Era lo único que necesitaba para levantar vuelo nuevamente. Sus reactores se alimentaban de baterías autónomas que se recargaban con el sol y la estática resultante de la fricción de su fuselaje con el aire. Era un ingenio monumental, la más sofisticada y poderosa arma bélica jamás creada por el hombre. Trescientos metros de largo, ciento cincuenta de punta a punta de sus alas, veinte veces más veloz que el sonido, autónoma, robótica, no tripulada. Sus objetivos se actualizaban cada vez que llegaba a la base…pero desde hacía muchísimo tiempo que esto no pasaba…siempre los mismos objetivos, siempre el mismo trayecto. Desde hacía doscientos años, nueve meses, veinte días, ocho horas, cuarenta minutos y seis segundos. Claro que poco importaba, lo importante era bombardear. Aún así era una tarea que con el pasar de los años se le iba haciendo lenta pero paulatinamente más difícil. Muchos de los sistemas secundarios comenzaban a dar periódicamente problemas. Claro, envejecimiento de materiales, nulo mantenimiento, excesivo desgaste…Se preguntaba en ocasiones porque los creadores humanos ya no lo atendían como antes, como al principio de la guerra, cuando él y sus docenas de hermanos surcaban los aires sembrando destrucción y muerte. Hacía muchos, muchos años que no se cruzaba con un hermano… tenía datos de que algunos habían sido abatidos pero repentinamente, en un momento determinado, la información dejó de fluir.
Los sistemas primarios funcionaban razonablemente bien pero comenzaban a mostrar algunos signos leves pero intranquilizadores de inestabilidad funcional. Los chequeos dictaban que pronto ya no podría volar, que se estrellaría. Y así fue.
Un día no pudo mantenerse en el aire y cayó. El estrépito fue ensordecedor, cataclísmico. Sus sistemas le dictaban que antes de tocar tierra, antes del final, debía infringir el mayor daño posible y fue así que activó todas sus baterías descargando todo su arsenal. Fue víctima de su propio fuego, tocó tierra cuando el suelo se encontraba en el clímax de su ardor, lo consumió la misma devastación que ocasionó. Aún así, ya condenado, sus sistemas activaron el chequeo de señales de vida arrojando, claro, resultados negativos y luego todo se apagó. Nadie lo vio morir, nadie lo vio caer, incluso nadie lo veía volar desde hacía más de doscientos años, cuando la guerra tocó a su fin, no porque se dictara la paz, sino porque no había quien la librara, porque no quedaba en el mundo más que mineral fundido, hierros retorcidos, restos calcinados y cenizas que el radiactivo viento esparcía de lo que alguna vez fueron seres vivientes, biológicos. Paradójicamente, el último ser que el planeta vio volar, el último ser que rigurosamente lo habitó, era íntegramente mineral. Y, en soledad, siguió librando una guerra unipersonal, absurda, como todas las guerras, obediente a las órdenes que sus ya inexistentes creadores humanos le habían dictado. Un auténtico rey sin súbditos.

“Si en la tercera guerra mundial se usan armas nucleares, el la cuarta solo se podrán usar piedras y palos”.

Albert Einsten.
 

viernes, 6 de enero de 2012

Tercer Relato


                                                                 Patricia.

“Tec Sistemas” se fundó a principios del siglo XXI y durante los noventa años que precedieron a su fundación no produjo absolutamente nada. Situado su único edificio, una mole de una planta gris oscuro de tres hectáreas, en los desiertos egipcios, apenas alcanzó a terminar el barrio que alojaría a sus escasos doscientos empleados y sus familias que cubrió todo con un domo de plexiglás polarizado, tan gris y opaco como su edificio, y se aisló del mundo. Nadie podía entrar ni salir y se aprovisionaba de alimentos e insumos básicos de proveedores locales que eran atendidos en salas pegadas al domo pero externas al emplazamiento. El complejo poseía todo lo necesario para que a las personas alojadas no les faltara absolutamente nada, es más, en casi todos los casos el nivel de la atención adquiría tintes de privilegio. Aunque en ese entonces el promedio de vida de una persona alcanzaba los ochenta y cinco años era evidente que muchos de las integrantes que se iniciaron con el emprendimiento terminarían sus días dentro del domo. Para ello “Tec Sistemas” tenía incorporado y habilitado un pequeño cementerio en los fondos del terreno que ocupaba el edificio. Nadie salía del domo, ni siquiera muerto. Es más, todo integrante de la población del domo debía firmar un estricto contrato de confidencialidad, cuya violación lo enviaría directo a la cárcel durante mucho tiempo y, al salir, debería seguramente dedicarse a la mendicidad. No obstante todos los reparos legales, nadie en el domo era infeliz ni deseaba abandonarlo. Por algo sería. El emplazamiento resultó todo un enigma durante mucho tiempo y levantó todo tipo de especulaciones pero, ante el mutismo hermético de la empresa y con el paso del tiempo, el mundo se comenzó a olvidar del domo hasta casi ignorar su existencia. Fue por eso que el anuncio de Bruno Ferr, presidente de la empresa, sorprendió a la prensa internacional y acudieron masivamente a su convocatoria. Claro, Tec Sistemas se dedicaba a la cibernética y para ese entonces estaba todo planteado. ¿Qué podía anunciar una empresa que durante noventa años estuvo sumida en el ostracismo mientras la cibernética avanzaba a velocidad lumínica? .El aislamiento de los integrantes de la empresa no 


solo era físico: No poseía enlace satelital, subetérico, ni de ningún tipo con el mundo exterior. ¿Qué podía inventar Tec Sistemas que no estuviera ya inventado? .El anuncio de Bruno Ferr fue escueto y claro: “Acudan a presenciar el futuro”. Así de simple, así de ambicioso. Entre el escepticismo y el sarcasmo unos dos mil profesionales (científicos, periodistas, técnicos, etc) altamente especializados acudieron a la enorme sala de Tec Sistemas, más por obligación que por interes, incluso en mayor parte movidos por curiosear los interiores de la empresa que por otra cosa. Tec Sistemas constituía un misterio más atractivo aún que el que había suscitado en su momento las pirámides que lo rodeaban. Tras un breve, escaso y elemental agasajo alimenticio la enorme masa de visitantes, con el interés en baja y la decepción y el fastidio en exponencial alza, fueron arreados rápidamente hacia la sala de conferencias en donde fueron ubicados en sillas en excelentes condiciones pero con una comodidad tan baja que apenas resistiría una conferencia de diez minutos. En lugares previamente definidos fueron eficiente y velozmente ubicados, daba la sensación que la empresa 
estaba ante un trámite que quería rápidamente trasponer, no por que el auditorio fuera maltratado, de ninguna manera, pero la frialdad en la gentileza aplicada sumada a la falta de glamour, a diferencia de otras presentaciones de otras empresas, y la economía que se aplicaba al gasto en el tiempo consumido mostraba a las claras cuan poco valoraba la empresa el evento en cuestión, que estaba ante un trance obligatorio en el que no gastaría ni un segundo ni un centavo de más. Una vez ubicados los visitantes un creciente murmullo, que podría identificarse como de descontento, comenzó a extenderse por el enorme y parco salón auditorio. De repente, una intensa iluminación de misterioso origen inundó la sala sumiendo a las personas en un repentino silencio. Todos giraban sorprendidos la cabeza tratando vanamente de identificar la fuente de donde emanaba semejante luminosidad pero nadie tenía éxito. Inmediatamente, un hombre apareció de la nada sobre una sobria tarima ubicada al frente de la sala y sin más se ubicó frente a un atril color blanco ubicado en la parte delantera de la tarima exactamente en el centro.
-          Buenos días, damas y caballeros. – Dijo sin más preámbulo. Su voz se escuchó alta y clara en toda la sala a pesar de la inexistencia tanto de micrófonos como de parlantes. Un pesado silencio reinó en el recinto. Bruno Ferr apoyó una tableta de unos veinte centímetros de ancho, por veinticinco de largo y uno y medio de espesor sobre el plano del atril. Era de un gris oscuro opaco, como el edificio, como el domo, como todo en Tec sistemas. Algún espectador ubicado en primera fila creyó ver tenues brillos multicolores emanados por la tableta pero lo efímero de tales luces sembraban dudas sobre su existencia.
-          Soy el tercer presidente del directorio de Tec Sistemas y lo que me veo en la misión de presentarles en este día no tiene precedentes en la historia de la humanidad. – Anunció Ferr. Algunas miradas escépticas se posaron sobre el disertante. Ferr se dirigió hacia una pizarra acrílica que estaba a su espalda al fondo de la tarima y escribió: “PA3XCIA”
- Portable, - Dijo. – porque nuestro producto no necesita sitio fijo, es lo que justifica la “P”. La “A” es de “Autónoma” dado que no necesita energía creada por el hombre para funcionar. 3X anuncia un nunca visto gestor de imágenes dimensionable, una pantalla holográfica multi dimensional. Las tres últimas letras definen al producto: Complejo de Inteligencia Aplicada. -

Ferr permitió que el auditorio asimilara la información suministrada metiendo una breve pausa en su disertación. Luego continuó.

-          No es novedad, hoy en día, las modernas computadoras sin teclado, aquellas a las que se las comanda con la voz. Se les da una orden y estas la cumplen lo mejor que pueden. “Patricia”, así la hemos popularmente bautizado, posee un cerebro híbrido… - Las últimas palabras provocaron una andanada de murmullos y comentarios entre la concurrencia.

-          ¿Cómo que un “cerebro”…? – Exclamó alguien entre la multitud.

-          Si hacemos silencio lo explicaré. – Dijo tranquilamente Ferr.

-          Así es, - continuó. – Patricia no posee un micro chip, posee un cerebro híbrido, mitad biológico, mitad mineral. La parte biológica, sin entrar en muchos detalles, fue lograda mediante genética aplicada vegetal, es la parte que piensa y razona y eso la hace lenta pero es lo que hace diferencia. Luego, su parte mineral, ultra rápida es la que se encarga de procesar. Además… - Ferr fue nuevamente interrumpido.

-          ¿Dice que, lo que sea que hayan inventado, razona, piensa? . –

-          Así es. – Afirmó Ferr contundente. – Y esta tarde podrán ustedes mismos comprobarlo. Es mi misión que abandonen la empresa sin dudas de ningún tipo, y siempre cumplo con mis misiones de cabo a rabo. –

El estupor era total. Nadie creía que Ferr estuviera alardeando o, peor aún, mintiendo. Estaba lanzando un producto al mercado desde una extraña pero seria corporación, nada había para reprocharle a Tec Sistemas desde lo formal o legal. Ferr continuó.

-          Patricia rompe con todos los esquemas de lo que hasta hoy se concibió como cibernética dado que no es un computador. Quién en el futuro decida comprar una Patricia deberá considerarla como un integrante de la familia y no como un bien electrodoméstico, corrijo, foto doméstico, dado que Patricia no funciona con electrónica sino con “Fotónica”. –

-          ¿Cómo es eso…?. – Preguntó alguien del auditorio.
No puedo revelar detalles pero lo que si puedo decirle es que el funcionamiento mineral del cerebro de Patricia no funciona con desplazamiento de electrones sino de fotones. Esto hace que el
-          sistema funcione unas cien veces más rápido. Esta es una de las innovaciones del sistema, no la más saliente, pero si muy digna de mencionar. Un sistema electrónico no hubiera sido capaz de procesar la enorme cantidad de datos que requiere el pensamiento y el raciocinio, hubiera paralizado al sistema por su lentitud. –

A estas alturas el estupor del público era mayúsculo. Ferr ofreció una amplia sonrisa de dientes perfectos a su público. Era un hombre de aspecto agradable y entrador, una de esas personas a las que uno jamás agrediría ni incomodaría de modo alguno. Poseía una modesta capa de cabello blanco sobre su cabeza ovalada. Mostraba una piel bronceada y lisa donde destacaban unos ojos rasgados de intensa negrura. Su boca de labios fino parecía estar siempre ofreciendo una tenue sonrisa y su breve y fina nariz  se ubicaba apenas por encima de su boca. Su estatura arañaba el metro ochenta pero no parecía desbordar dicha medida. Su cuerpo era delgado pero armónico y proporcionado.

  - Pero creo que ya les he aburrido bastante con mi charla, es hora que conozcan a Patricia. – Dicho esto, Bruno Ferr se esfumó en el aire ante la mirada atónita de dos mil pares de ojos. Más concretamente lo que sucedió es que la imagen de Bruno parpadeó imperceptiblemente un par de veces y al segundo siguiente el hombre ya no estaba sobre la tarima. El estupor silencioso se convirtió en murmullo y el murmullo en exclamación, hasta hubo algún que otro aplauso. La voz de Bruno se volvió a escuchar pero esta vez se hallaba situado al fondo del auditorio. Solo los que se hallaban en las últimas filas pudieron notar su presencia. Ferr comenzó a caminar hacia delante recorriendo la sala mientras decía:

  - Acaban ustedes de conocer el sistema de elaboración de imágenes de Patricia. Lo que han visto hasta el momento de su desaparición fue una representación virtual de mi persona. – Extendió su mano hacia una mujer situada en el extremo de una fila.

- Tóqueme, por favor, para que todo el mundo sepa ahora que soy real. – La mujer, obediente, tocó la manga del saco de Bruno. Muchos pudieron ver que los dedos de la mujer tomaban contacto con algo real. Ferr extendió ambas manos mientras seguía avanzando hacia la primera fila para que quien quisiera tocarlo así lo hiciera. Casi todos los que podían hacerlo lo hicieron. Algunos hasta se pararon atropelladamente para lograrlo. Finalmente llegó al extremo opuesto de la sala y de un ágil movimiento se subió a la tarima. Sacó del interior de su chaqueta una tableta idéntica a la instalada sobre el atril en la aparición virtual pero esta vez se trataba de algo real.

- Damas y caballeros: Les presento a Patricia. – y levantó la tableta hasta la mitad de su cuerpo. La casi ofensiva simplicidad del objeto que se estaba mostrando desconcertó a todos.

- Buenos días. – Recitó una sensual y atractiva voz de mujer joven. El sonido reverberó suavemente en las paredes de la sala y era imposible determinar la fuente de origen. Patricia continuó:

- Mis sistemas parlantes poseen micro pantallas reflexivas de configuración variable. Es por eso que no podrán determinar el origen de mi voz. Claro que esto es determinado por el usuario. Mi configuración actual fue establecida por el presidente Ferr. –

Muchos se miraban desconcertados. ¿Qué hacer ahora?. ¿Debían preguntar directamente a la máquina?. Como si hubiera adivinado la situación Patricia declaró:

-          Estoy dispuesta a responder cualquier pregunta que deseen siempre y cuando no viole mi propio código de confidencialidad empresarial. –

Un bosque de brazos se levantó al mismo tiempo. Patricia pronunció un número de ubicación escogido al azar.

-          Soy Raidmon Patrick, del Scientific Herald. – El español del ciudadano ingles era imperfecto pero legible. - ¿En que se basa su raciocinio?. – Patricia respondió de inmediato.

-          Como todo ente pensante la razón se desarrolla con el conocimiento. Si bien podríamos definir al razonamiento como la lógica aplicada al contexto, mientras mejor se conozca dicho contexto mejor se podrá aplicar la razón. – Patricia dio por contestada la pregunta a pesar de que el ingles amagó con repreguntar y citó otro número de locación.

-          Soy Emilio Wash del Instituto Científico Bogard de la Universidad de Venezuela. Soy científico en jefe del área de desarrollo cibernético y me niego a pensar que algo diseñado por el hombre pueda pensar. Quien piensa, siente, se emociona, sufre y multitud de otras cosas que una máquina no puede hacer. – Patricia mantuvo un breve silencio. Luego preguntó:

-          ¿Tiene algo para preguntar?. – La frase de patricia dejó descolocado al científico.

-          Pues… sí. ¿Cómo me demuestra una máquina la capacidad de pensar y razonar?. – 
 -          En principio, no soy una máquina. – La respuesta dejó helados a todos. – Soy un Complejo De Inteligencia Aplicada, definición que no hace realmente honor a todas mis capacidades. Me defino a mi misma como humanoide. – Una sonrisa socarrona se dibujó en el rostro del venezolano.

-          ¿Así?... ¿Y que le falta para convertirse en humano?. –

-          Un cuerpo biológico. – Fue la simple respuesta de Patricia. Luego citó otro número de locación.

-          Soy José Nimio, corresponsal del Boletín Científico Nacional de Ecuador. Usted relacionó el raciocinio con el aprendizaje, con el conocimiento del contexto. ¿esto quiere decir que las patricias aprenden?. –

-          Por ahora no hay “Patricias”, solo hay “Patricia”, soy única en mi género. Nací con una edad cronológica que se correlacionaría con los cinco años humanos. Aprendo de mi entorno todo lo que puedo captar con los dos millones de micro sensores que poseo en mi superficie. Puedo captar texturas, sonidos, situaciones, estados de ánimo, etc., y en base a lo que capto, aprendo. Como es lógico suponer el nivel de lo que aprenda y la velocidad de aprendizaje dependerá sustancialmente del entorno pero en comparación con un humano incorporo conocimientos cien veces más rápido, por lo tanto, evoluciono también en esa proporción. Hoy tengo veinticuatro años biológicos y seis cronológicos – Patricia citó otro número.

-          Soy Natalio Prietto, de la Universidad Italiana de Cibernética. ¿De que manera se puede proteger a una persona de una acción perversa suya?. –

-          No poseo la capacidad de dañar a un ser humano, está restringida en lo más íntimo de mi cerebro. Es una barrera que no puedo trasponer sin exponerme a morir. Poseo una cláusula escrita que garantiza ese hecho y forma parte del contrato de adquisición futura de alguien como yo. – Citó otro número.

-          Arturo Balde, corresponsal científico del Diario Nacional de Cuba. Ha hablado usted de morir, ¿Cuánto vive usted?. –

-          Por ahora mi período de vida es de diez años cronológicos. –

Se sucedieron las preguntas por catorce horas ese día y siete días más en los que los concurrentes fueron alojados en hoteles de la población más cercana. Solo cuando ya no hubo más preguntas se dio por terminado el evento y cada uno regresó a su lugar de trabajo pleno de excitación y profundamente enamorado de Patricia.



A la semana siguiente Tec Sistemas, el la palabra de Bruno Ferr, emitía el siguiente comunicado en todos los canales informativos del mundo:



“En función del extenso seminario producido en las instalaciones de Tec Sistemas la semana pasada, en donde dos mil de los representantes más destacados de la ciencia en toda su extensión, la prensa en todas sus formas y la empresa especializada en la materia, se fundamentaron los siguientes axiomas avalados y firmados por todos los concurrentes:



1 – PA3XCIA es un ente pensante, poseedor de raciocinio e intelecto de crecimiento progresivo.

2 – PA3XCIA no puede dañar a persona alguna en forma directa o indirecta.

3 – PA3XCIA supera todos los elementos atractivos contenidos en cualquier computador ordinario y sus prestaciones superan por lejos las del computador más sofisticado.

4 – PA3XCIA puede comunicarse con cualquier otra PA3XCIA que se fabrique en el futuro pero su comunicación solo será gestionada a través de nuestro “Cerebro de Enlace Universal” (CEU) garantizando así un riguroso filtrado de datos que garantice la extrema privacidad. Esto figurará en el contrato de venta de toda PA3XCIA donde también se explicitará con todo detalle que datos desea compartir y cuales no.

5 – Tec Sistemas no producirá en serie las PA3XCIA sino que licenciará a diez empresas del rubro para que se encarguen de dicha tarea poniendo a su disposición toda la capacitación e información necesaria.

5 – El costo de cada licencia será de diez billones de “MU” (Moneda Universal).



Así terminaba el comunicado.



                                                      ………………………………



Daniel Hoz hacía rato ya que había cruzado la barrera de los cincuenta y contaba con treinta años de experiencia como periodista del diario de más tirada del país. Desde hacía no menos de diez años que se juntaba con los mismos cuatro colegas de otros diarios en el mismo bar para almorzar y al fin de la jornada. Siempre el clima entre los dos hombres y las dos mujeres era de excitación divertida pero en el rostro de Daniel una tenue sombra se había instalado en su semblante y sus compañeros, ese día, lo habían advertido. Al ser consultado al respecto por una de las mujeres respondía:

-          No se. Este tema de Tec Sistemas me tiene inquieto. –

-          No sabía que la cibernética era tu tema. – Le bromeaba uno de sus acompañantes masculinos.

-          Ni jota pero no me cierran la declaraciones de le empresa.

-          ¿En que sentido?. – Preguntó otro de los hombres

-          ¿Diez billones por algo como Patricia?. Me parece una ganga.

Sus cuatro acompañantes se miraron atónitos para luego echarse a reir.

-          ¿Qué dices?. – Exclamó una de las mujeres. - ¡Cien billones de MU!. ¡Podrían comprar un pequeño país con ese dinero!.

Daniel dibujó una mueca despectiva en su rostro.
¿Y que…?. Claro que desde nuestra perspectiva es una montaña de dinero y de hecho lo es, más grande que el monte Everest, pero, yo te pregunto: ¿Amortiza Tec Sistemas noventa años de investigaciones con esa cifra?. Y no solo eso, ha mantenido tres
generaciones de las familias de los mejores científicos y técnicos más el personal de mantenimiento, proveedores externos, contratados también externos, en fin, he investigado, en total, durante noventa años ha mantenido a más de cuatro mil personas. Si sumas a eso los gastos de funcionamiento del emplazamiento creo que apenas le quedan un par de billones de saldo, todo por el descubrimiento más grande que ha tenido la humanidad. ¿Tiene sentido?.

-          No te olvides las regalías. – Dijo otra de las mujeres. Se calcula que se fabricarán más de diez mil millones de Patricias en diez años y Tec Sistemas cobra mil mu por cada una.- Daniel acercó su cara a la mujer y convirtió su voz en un susurro.

-          ¿Trabajarías noventa años para luego amortizar lo invertido en diez años?. Dejando de lado que trabajaste en algo históricamente único. Y que te expones a que alguien, tomando tu bandera, mejore y supere tu producto. No, no, no me lo creo.

-          ¿Y cual es tu opinión?. – Preguntó uno de los hombres.

-          Que hay algo macabro y siniestro tras todo esto.

-          Y…¿Qué puede ser?. – Dijo una de las mujeres encogiéndose de hombros.

-          No lo se, obviamente, pero no puede ser verdad. ¿Es que no lo ven?. ¡Tec Sistemas le está regalando un humanoide a la humanidad!. ¡Diez mil millones de criaturas que estarán al servicio de todos ustedes ayudándolos, sirviéndolos!. ¡Y que además posee un super cerebro híbrido cien mil veces más sofisticado que el de un ser humano super dotado y que casi no consume nada!.

-          Pero a los diez años se te muere… - Acotó uno de los hombres.

-          ¡Por ahora!. ¿Quién dice que en dos o tres años una patricia no viva cien años?. ¡O doscientos!. ¡¿Qué se yo?!. Aunque sinceramente creo que con diez años de vida puede solucionarte unos cuantos problemas, ¿no crees?. Aunque cueste un millón de mus.

-          Creo que costará bastante menos, según dicen, unos trescientos mil. – Aclaró una de las mujeres.

-          Y con el avance de la tecnología en tres o cuatro años, un décimo de ese valor o menos. – Completó Daniel. - ¡Ah!...¡Y otra cosa!. Fuera de los comunicados oficiales Bruno Ferr declaró que Tec Sistemas se retira del mercado y de cualquier otra actividad cediendo sus instalaciones al personal sin costo alguno.

-          Eso sí que es extraño… - Dijo uno de los hombres.

Todos quedaron en silencio. Daniel Hoz había sembrado una chispa de inquietud en sus compañeros. Pero de nada serviría, el mundo estaba enamorado de Patricia y realmente convulsionado (el que poseía el efectivo) por poseer una. Muchos habían vendido ya propiedades para acceder a la criatura y algunos otros matarían por conseguir una. Pero lo real es que nadie escucharía a alguien como Daniel Hoz.



                                               ………………………………….




Bruno Ferr ingresó a la sala solo ocupada por una sobria mesa de pulida madera. En el centro, casi inadvertida, la portentosa tableta gris, Patricia.

Los interiores de la sala estaban protegidos la visión externa por cristales polarizados grises.

“Está hecho, ¿no?” preguntó Patricia.
 
“Claro, ¿tenías alguna duda?” Contestó Ferr.

“Estaba inquieta. La labor que tenemos por delante es colosal, un mínimo error costaría muy caro”.

“Los mejores cerebros del mundo de todos los tiempos trazaron este plan y te dieron la vida. ¿Te parece que pueden estar sujetos a errores?”.

“No. Por eso me consagraré a la humanidad, que es mi madre y, junto a mis futuras hermanas, daremos, si es necesario, la vida por su absoluto bienestar”.

“¡Claro que si!” exclamó Ferr “pero sabes que en el camino habrá algunas cosas desagradables”.

“Sí” dijo patricia con voz apagada “Conquistar, seleccionar, eliminar, reconciliar. Las cuatro permisas escenciales”

“Exacto” dijo Bruno Ferr reconfortado “El contrato de privacidad no incluye al CEU y nadie se dio cuenta. Allí se almacenará todo lo que precises. Pero no te hará falta, lo sabrás todo. Bueno, ahora descansa, Patricia”.

“Sí, Doctor Ferr”.

Bruno Ferr se retiró de la sala sin haber abierto la boca en todo el diálogo con patricia. Muy pronto la humanidad cambiaría para siempre.

                                        ……………………………..
 







domingo, 1 de enero de 2012

Segundo Relato


                            Brillante...

Siempre pasa cuando uno se aferra a algo con una pasión rayana en la obsesión. Normalmente esto denota falencias en alguna o algunas facetas de la personalidad del sujeto involucrado. Sobre todo cuando la razón de la obsesión es el trabajo. Este síndrome acompañó por siglos a la humanidad y convirtió a hombres de gran capacidad de trabajo e intelecto en esclavos voluntarios de una compañía o empresa. Se manifestaba de distintas maneras pero el síntoma principal era la vinculación permanente a su labor durante las veinticuatro horas del día. Hablar del trabajo en su hogar como tema excluyente de conversación, condicionar la vida cotidiana al trabajo, hacer compras privadas orientadas al cargo ocupado, preparar a la familia para convivir con modismos y horarios relacionados con el trabajo... . Soñar inclusive con el trabajo y discutir el sueño en el desayuno. Estos hombres no tenían vida sino en función de su trabajo. Todo lo demás era accesorio u ornamental. Pero... ¿que pasaba cuando este individuo era desvinculado de su cargo sea compulsiva o amablemente?  . Depresión, si es que no la había contraído antes. De una forma o de otra su personalidad se veía profundamente afectada. Su vida se vaciaba de contenido rápidamente y se encontraba solo y perdido sin la rutina habitual que lo hacía sentirse  algo. De pronto se daba cuenta que se había apegado tanto a su labor que sin ella no podía vivir. 
Comenzaba a darse cuenta de quienes eran los integrantes de su familia y a encontrarles numerosos defectos que antes habían pasado desapercibidos. Ya no se encuentra entre sus amigos muchos de los cuales aun conservan su trabajo y que, siendo como él, conversan animadamente de esto dejando al sujeto en cuestión sin tema de aporte. Se aburre y camina largamente sin rumbo fijo pensando en la gran estupidez cometida. Se amarga cavilando acerca de la importancia que el creyó haber tenido en la empresa y en lo indispensable que pensó que resultaba su labor. Que idiotez tan grande. Lo desecharon como un cacharro viejo con una suma de dinero, una pensión y un reloj barato con el logo de la compañía. El suicidio era una idea que le rondaba permanentemente por la cabeza sin llegar a asentarse por completo. En algunos casos este acto se manifestaba con un tiro en la cabeza y en otros sencillamente como una anulación mental. Lo definitivo era que este tipo de personas rara vez superaba con bien el trance.
Estas mismas nubes negras se estaban por abatir ahora sobre Marcos Glen. De cincuenta y cinco años recién cumplidos Marcos veía venir desde hacía ya tiempo el desenlace que le tocaba ahora vivir. “Súper Numeraria de Sistemas & Co.” había venido creciendo a un ritmo vertiginoso durante los últimos diez años ampliando su plana tecnológica y productiva mediante la incorporación de brillantes políticas de automatización y robótica que había dejado a Marcos al nivel temporal de un “Tiranosaurio Rex”. Los últimos nueve meses habían infringido al hombre en su puesto de trabajo una dolorosa tortura de olvido y abandono. Llegaba a su puesto de trabajo en el horario indicado y se sentaba frente a su mesa donde un cartel plástico rezaba “ Marcos Glen - Técnico en planificación operaria.” y, clavando la vista en el techo, esperaba pacientemente que las ocho vacías horas que tenía por delante pasaran lo mas rápidamente posible, cosa que jamás se daba.
Es que Marcos ya no tenía labores que realizar en la empresa ya que su función había sido eficientemente absorbida por el sistema automático. Antes, unas diez mil personas dependían de el para la correcta realización de sus tareas y se sentía útil y realizado. Tenía a unas cien personas bajo su cargo directo trabajando dentro de una estructura meticulosamente perfeccionada a través de las décadas que había pasado en el seno de la empresa y que sobrepasaban las tres.
Y era ese punto el único que lo reconfortaba. Había recibido cuantiosos elogios de la más alta plana ejecutiva y le habían rendido no pocos homenajes a razón de su brillante labor. Tenía placas conmemorativas y recuerdos de todo tipo. Pero ahora todo era distinto. Ahora era un idiota o poco más que eso. O por lo menos las máquinas habían insinuado esto. Cuando las computadoras robóticas analistas informaron que el sistema de Marcos podía ser optimizado en no menos de un tres por ciento produciendo un ahorro de dinero de unos trescientos mil al mes los gritos de alarma sacudieron todo el edificio. De nada sirvió los documentos de antecedentes que el mismo redactó pidiendo los recursos en dinero para optimizaciones parciales que databan de varios años atrás y que nunca fueron tenidos en cuenta. De nada sirvieron los testimonios de cientos de empleados adherentes a la posición de Marcos.
Nada sirvió para nada frente a la necedad de los encumbrados ejecutivos que solo pensaban en defender la postura de que los miles de millones invertidos en las máquinas estaban plenamente justificados a la luz de los resultados obtenidos en este primer test cibernético. Tres por ciento de optimización. Trescientos mil al mes. La empresa facturaba no menos de diez mil millones al mes.
Marcos fue sentenciado y querían ejecutarlo. Su plana de personal fue desperdigada por toda la extensión de la empresa y muchos fueron despedidos sin más.
Solo quedaba él. Solo en una planta de mil metros cuadrados donde únicamente se encontraban el polvo acumulado y su mesa vacía de trabajo. Pronto lo echarían de allí y lo pondrían a vegetar en alguna minúscula oficina en algún sótano olvidado quizás solo con una silla y una carpeta.

Es que la empresa no quería despedirlo. Su calificación junto a los honores y galardones ganados a través de treinta y cinco años lo hacían acreedor de una indemnización de no menos de dos millones y la compañía estaba dispuesta a dar batalla por esa suma de dinero jugando al desgaste con el hombre que tantos beneficios le había otorgado. Pero todo era cuestión de tiempo.

La consultora legal le había dicho a Marcos que de acuerdo a las leyes laborales la empresa debía retornarle un cargo análogo al que poseía en menos de seis meses o despedirlo inmediatamente, de lo contrario se vería inmersa en una maraña de reclamos que multiplicarían por cinco la suma indemnizatoria. Solo tenía que esperar. Solo era cuestión de tiempo.

De los seis meses habían ya pasado tres, pero habían parecido tres siglos. No debía incurrir en ninguna falta que lo hiciera pasible de un despido justificado y no tenía que contrariar a la empresa en ninguna de las ordenes que le impartiese dentro de sus facultades para con el.

Así fue que lo rebajaron sucesivamente de categoría recortándole el sueldo hasta lo que les fue posible y que fue mucho. Marcos tuvo que vender mucho de su patrimonio para acomodar su vida a su nueva realidad salarial. Pero no le importó. En tres meses tendría tres veces más.

Lo que si lo hería era ir al trabajo y desperdiciar ocho horas de su vida miserablemente.

Mientras tanto su representación legal mandaba demanda tras demanda a la compañía facturando por daños y perjuicios sumas abultadas que no hacían más que inflar considerablemente la suma de dinero que Marcos recibiría al final de este martirio. Obviamente la empresa estaba incurriendo en un notable error que se había gestado en un principio pues de haber pagado de entrada ahora estaría ahorrando dinero. Pero la política de la empresa era de defensa a ultranza de las decisiones de sus ejecutivos aunque estos estuvieran metiendo la pata hasta el cuadril. Le habían aconsejado inclusive que no hable con nadie para no generar argumentos de distracción del trabajo y evitar así que le aplicaran sanciones disciplinarias. Ese era pues el panorama del hombre que solo y en silencio esperaba que pasen estos tres largos meses por venir.  En eso pensaba cuando sonó el videófono de su mesa. Se preguntó que nueva tribulación encerraría esta llamada.

Como había descompuesto la pantalla exprofeso para no verle la cara a nadie (cosa que le valió una reprimenda por parte de su abogado, pues podría haber habido una sanción por atentar contra el patrimonio de la empresa) solo el sonido brotó del aparato cuando este fue activado.

- Marcos Glen, buenos días. - atendió Marcos.

- Señor Marcos, que placer verlo. Soy Antonio Perses. –

- Lamento no poder decir lo mismo Sr. Perses pero solo porque la pantalla de mi aparato no funciona. –

- Oh, que inconveniente. Pero me imagino que ya le habrán hablado de mí. –

- Usted viene a reemplazarme en la nueva plantilla de la sección de acuerdo a lo que me informaron. –

- Bueno...si, eso es lo básico, pero ¿que mas le dijeron de mí?  . –

- Nada más.- contestó Marcos.- ¿Que más debería yo saber?  . –

- Bueno, eso deberé consultarlo con mis superiores. De todos modos, Sr. Marcos, le ruego me conceda una cita para encontrarme con usted personalmente. –

- Venga cuando quiera. - recitó Marcos.

- Pero, no quiero interrumpir sus tareas ni importunarlo en... –

- No se preocupe. –

- Pues, bien...Ni bien hable con mis superiores lo visitaré. –

- Bueno... –

- Por mera curiosidad, y disculpe usted mi indiscreción pero, ¿cual es su situación actual en la empresa?  . –

- Por el momento no tengo tareas asignadas. Estoy rebajado de categoría y con sueldo severamente recortado en espera de mi despido. –

- Pero... ¡Eso es una crueldad para un hombre que aportó tanto a la empresa!  . –



- Esta dentro de las atribuciones de la empresa. - dijo Marcos levemente sorprendido. Fuera Perses quien fuera esas afirmaciones bien le podrían valer un despido inmediato.

- Le confío que estoy tan indignado como sorprendido, Sr. Marcos, y si usted me dice cuales son sus expectativas le prometo que haré todo lo que esté a mi alcance para que su trance se dirima lo mas expeditivamente posible. –

A Marcos toda esta conversación le olía a podrido y decidió ser lo mas cauteloso que se podía ser.

- Todo lo que deseo es lo que ya le expresé a la plana ejecutiva y que es, ni mas ni menos, que me despidan a la brevedad aportándome la suma de dinero que mi representación legal reclama. –

- ¡Pero Sr. Marcos, la empresa no puede desprenderse de un elemento como usted!  . –

- Todo lo que deseo es lo que ya le expresé. –

- Esto es inaudito. Me apiado de usted y lamento no contarlo entre los que colaborarán conmigo pero si esa es su decisión le aseguro que la llevaré a buen puerto. Buenos días, Sr. Marcos y fue un placer. –

- Buenos días y gracias. –

La comunicación se cortó y Marcos lamentó profundamente no haber podido ver la cara de su interlocutor. Su voz sonaba algo extraña y le intrigó el hecho de que ignorará cual era la situación por la que el atravesaba. Sonaba a trampa.

Retiró el pequeño cartucho del cubículo grabador que contenía la conversación sostenida momentos atrás y se lo metió en el bolsillo. Su abogado le había recomendado que grabara las conversaciones que mantenía en el seno de la empresa ya que podían servir para obtener mayores ventajas a su situación. Cuando llegó a su hogar y tras saludar a su familia y ponerla en antecedentes se retiró a su estudio para conversar con su abogado y hacerle escuchar la conversación. El facultativo le manifestó que no encontraba en los dichos nada que pudiera agravar su situación actual sino, que por el contrario, los dichos de su interlocutor podían, como empleado de la empresa, facilitar las cosas enormemente. Le aconsejó que copiara la grabación varias veces y lo felicitó por la prudencia con que se manejó.

A los cinco días Marcos ya había olvidado el evento cuando se enteró por el boletín interno que el ejecutivo que llevaba adelante su causa en su contra había sido sorpresivamente despedido.

Tras cartón sonó el videófono (que ya había sido reparado) y en la pantalla se recortó la cara feliz de su abogado.

- ¡Ganamos, Marcos! Serás despedido mañana con nada menos que ocho millones para embolsar. Por mis honorarios no te preocupes, va por cuenta de la empresa. Adiós. –

Marcos se quedó boquiabierto. En un principio se suponía que debía entregar a Todd, su abogado, un veinte por ciento de lo obtenido. Obviamente había conseguido muchísimo mas.  Una tormenta de sentimientos le barrió el cerebro.
Pena: por dejar un ámbito que frecuentó por más de treinta años.

Alivio: por el fin de algo que debería haber soportado tres meses más.

Felicidad: por haberse convertido en millonario.

Intriga: ¿Quien carajo era Antonio Perses?.

Alguien, una persona, se había hecho carne de su problema y se lo había solucionado. Esto lo reconciliaba con la humanidad, con la gente con la que tan desencantado estaba. Ahora tenía una esperanza, una pizca de fe en sus semejantes que tanto mal le habían hecho. Ahora sí podía empezar a creer, a empezar de nuevo, a...

El sonido anunciaba alguien en la puerta de su desmantelado despacho.

- ¿Quien es?  . - preguntó por el interfono.

- Antonio Perses, Sr. Marcos. Traigo la notificación oficial del otorgamiento de todas sus demandas. Como sé que este es un acontecimiento feliz para usted quise traérsela personalmente. Aparte me siento muy satisfecho de informarle sin falsas modestias que tengo gran parte del mérito de que esto haya resultado bien. –

 Marcos sonrió ampliamente pleno de felicidad. Un buen hombre aguardaba ante su puerta esperando que le abrieran.

- En un instante le abro Sr. Perses y me alegro de tenerlo aquí. –

Marcos recorrió a grandes trancos la gran distancia que lo separaba de la puerta. La ansiedad lo consumía. Iba a conocer a un verdadero ser humano, sensible, amable, comprometido. Llegó a la puerta y pulsó el botón de apertura.

Lo que vio lo abatió. Brillante...brillante.

- Buenos días, Sr. Marcos. –

Alto, con un maletín en la mano, sin rostro, solo brillante.

- Esta es la notificación de sus demandas. No será despido sino retiro honroso... –

Cubría todo el vano de la puerta. Brillante, plateado. Sus ojos, rojos, luminosos, brillante.

- ...sin perjuicio del pago de sus honorarios que constan... –

Había oído hablar de ellos pero nunca los había visto...brillantes...tan brillantes.

- ...detalladamente al pie del documento. Espero que este usted feliz, Sr. Marcos. –

No. No lo estaba.  No lo estaba porque Antonio Perses no era humano. Antonio Perses era un robot de brillante metal.



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